Fa

I
Una cogida campal sobre la hoja,
sobre la gota retorcida de lluvia
que aúlla y se expande;

II
Hay canciones en la lengua, sí;
finitas melodias y el compás de los huesos,
jugosos y silentes intervalos
como señal del invierno entre las aves migratorias.

III
Una bocanada simple hace a la noche;
También, el ritual de las manos en los espejos.
Afuera hay luz blanca,
demás el rumor de la calle,
dentro, las hormigas se juntan en los labios.

IV
Demás, el ruido cotidiano
si el ritual de las hojas
en su letanía
concerta en las voces
el arjé de los líquidos musicales.

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Nocturno

I
Ver pasar a diario la luz,
señora morena
de gran tamaño
pata rajada o confesa amerindia
de ojos café,
sin que me vea.

II
Se espiga la noche en el alto cielo
serena y callada como la milpa
cargada de tanto color y aromas
que un buen respiro puya en el pecho
se agita el monte y claro se escucha
el frío alegre tan decembrino
y me acobijo y ajusto el hueso
y no falta nada
y nada tenemos de pertenencias
donde canta el grillo junto a los sapos
y el viento que pasa puedo ser si cierro los ojos.

III
La fresca nostalgia de la madrugada me zampa un beso,
se mete el sereno hasta la cara y puedo ver el patio
por las rendijas de vara vertical y es bueno;
los perros descansan, un ave ulula
y no estoy solo
no están quienes duermen.

IV
Allá a lo lejos corre el río
lo puedo imaginar;
no cambia la soledad,
se siembra en las manos y no duerme
como yo.

V
Mañana seré cangrejo
un puño de nada frente al espejo
una sonrisa justiciera
tal vez halle al cadejo
si voy por las calles nocturnas llenas de miedo
como justo juez de la noche
en busca del hilo de las estrellas.

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América libre

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Oculta nostalgia de mi tiempo de niño

Hay
escenarios en cierto olvido
al desorden también se ve de menos recordar,
contar los tiliches
la miseria que vivimos
pedazo de cama
no poder pagar fiado
escuchar los insultos del orgullo
humilladas las lágrimas
los hoyos en la lámina
reirse de la gota
que cae
y da en la mano
acercar el rostro a la gota atrevida
metida
colada
calzón
venida del cielo
a la casa de los pobres de los años 80
como yo.

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Gato después de la medianoche

Cuando ya no haya más canción que soledad,
sublime serenata,
el dos de bastos allá cerca del excuartel,
caminos,
lumbreras agotadas,
moteles pordioseros,
tragos amargos,
simples trémulos llorones
de mi guitarra ignorante,
del pueblo,
gomas inauditas y
silencios inagotables…
vendrá un gato,
después de la lluvia de medianoche.

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Pablo

Hay cosas en la vida, hijo, que nadie sabe cómo decir, porque las desconocen, no saben; Los gustos, por ejemplo, significan un universo de posibilidades como tanta gente existe en cualquiera de sus formas: muertos o vivos, pensantes o idiotas.
Así explico que de todas las cosas que se pueden nombrar o decir, yo he amado las palabras como cosa esencial para mi existencia. Algo insignificante. Cada una de ellas, las cercanas que se creen preocupación especial del ministerio de la criptología, un misterio después de todo, no se saben, no se llegan a saber por completo nunca; Ellas son, un maravilloso mundo que lo transforma todo constantemente.
Tanta mierda.
En fin, soy quizá un idiota, venido de comunidades de la Zacamil, anegadas por neblina, frío y viento entre los 70’s y 80’s; Aún así, en mí se juntan miles de posibilidades para decir lo que siento por vos y puedo hacerlo. Aprendí bien de mi madre y sé que no es fácil decir palabras nuevas. Todo mundo lo sabe.
Quisiera decir todas las palabras pero se escapan como la guinda de mayo. No se dejan mencionar, no se encuentran; se perdieron o las mató el ejército salvadoreño. No hay justicia en ello.
Puedo entonces decirte, que si bien es cierto no logro escribir eso que dimensione mi amor por vos, en cada página en blanco y no saber, se haya siempre tu nombre escrito.

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Al porvenir

I
Pienso en el mar,
resuena su fragante recuerdo de media noche.

II
Las lejanías nacen robustas hasta alcanzar a ser flores.
Riegan su nido
las jodas mal logradas y efímeras
y el caudal de licor sin amigos,
obsequios del Justo Juez de la noche.

III
Nada se puede hacer,
si entra penumbra ralita
y crece cual ceiba en los ojos,
brilla la maldad de lo bueno,
negado,
en poco tenido o ilusorio
y caemos Xibalbá adentro.

IV
Canto una bocanada de canciones
Hago ruidos y brisas,
camino y bailo
sedo el paso a las hojas que caen del árbol
reúno la Vía Láctea en los ojos
y ululo a las flores.

V
Alzo el codo y maldigo
duermo bajo un árbol extraño.

VI
A veces,
al árbol le crecen mis manos por flores.

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Viejos, pájaros

De joven, Don Zapato roto, fue extraterrestre. De día mira al cielo con melancolía cósmica, limpia su rostro y desaparece entre la milpa.

Don Zapato roto, escribe semillas en la tierra. Espera cosechar su fruto; una especie de pájaro que ha de volar al firmamento.

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Medio muertos, muertos

Esa calle extinta, está que resucita moribunda. Es el día eterno del viento norte cargado de olvido; como si nada, su rostro nuevo de hace tiempos abre los ojos, nos mira y bosteza, afina la puntería y se esconde.

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Como si muerto

Como a un desaparecido,

Como si esa dictadura extinta y nueva…

Dame tu amor.

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