El atrapa desvelos y yo

Daniel Merlos

En las zonas urbanas existen pocas poblaciones de árboles grandes, se les ve desde lejos y por lo general se cuentan con los dedos de las manos. En mi comunidad existen pocos de ellos.

Allí, sobre el verdor de la extintidad, habita bajo el nocturno canto de la Aurora, un ser solitario que fue gota de Luna y se tornó en humanoide; sobre el árbol aquel, le he visto trepar a gran velocidad, saltar y quedarse solo y triste observando la mirada lunar en la estrella de sus ojos.

Antes de conocer sobre su luz lo creía demonio, un ser abominable atado a la soledad de la noche. Cuando era un niño una historia de un cristiano fanático limitó mi ser al disfrute de la noche, de la oscuridad y su tierna melodía, me enseño el temor agregando a mi imaginación un dibujo de un ser que el llamó El Diablo. Ese día yo jugaba con la oscuridad sin límites y sin temor, aquel hombre me dijo que en la oscuridad habitaba un ser caído del cielo, un monstruo que atormentaba mientras te observaba oculto en la oscuridad; ese día observé por primera vez desde el temor la noche y todo cuanto oscuro existiera.

Trastornado mi ser bio-psico-social, los problemas iniciaron en todos los niveles. Me comenzaron a molestar, a encerrarme en el baño sin luz artificial alguna, mientras yo daba gritos de clemencia por el ataque de la imaginación fantástica característica de los seis años. Hacía pipí en la cama y el temor hacia temblar mi cuerpo con aires de frío misterioso. Vivía por la noche bajo la sábana y pasaba la mayor parte del tiempo al lado de mi mamá. Así fui creciendo con temor y problemas de imaginación.

El problema me convirtió en un ser nocturno, pasaba dibujando o escribiendo historias bajo luz artificial, no me gustaba la oscuridad, nada de ella quería cerca de mi, observaba sus hilos entrar por rendijas y junto a ella sentía venir seres inimaginables que me observaban desde toda ocultación sombría con el afán de tocar mi imaginación.

Fue de esta forma que aprendí a estar en la noche, aprendí a distraer el temor escribiendo una historia, dibujando o leyendo una historia mágica que te atrapa los sentidos y se roba la noción del tiempo hasta que sale el sol y su luz salvadora.

Era un adolescente cuando trataba de enfrentar el mundo del miedo. Mi ejercicio era abrir la puerta de mi casa que da al pasaje oscuro, sin imaginar que en cualquier esquina hay un espía del temor observando mis miedos. Abría la puerta de manera que solo cupiera mi ojo temeroso y siempre vi allí un dibujo de mi imaginación.

En ese ejercicio de enfrentar mi imaginación, un día en la segunda planta de mi casa, en el peligroso tramo de distancia que va entre la oscuridad de la segunda planta a la primera, espacio descubierto que deja ver las estrellas en todo su brillo, sucedió algo que me lleno del peor de todos mis miedos: mientras caminaba entre la escalera mis ojos se unieron con los ojos de un ser blanquecino con forma humanoide. Aquel ser estaba puesto sobre una rama de un árbol a manera de reptil.

La soledad de aquel monstruo era indescriptible, parecía buscar compañía en este lugar. No quise contar lo que me había sucedido; solo imaginar la burla que suponía este nuevo ataque de miedo si lo comentaba a alguien me hacia guardar silencio.

Pasó largo tiempo para que esto se diera una vez más. Todo parecía que fue una distorsión de la realidad dentro de mi mente. Seguí luchando por superar el temor a la oscuridad.

Lejos de mí, aquel ser parecía fijar para siempre su mirada en mi casa. Muchas veces creí escuchar sigilosos pasos sobre el techo. Cada vez que se acercaban, mis palpitaciones eran audibles en el silencio de la noche. En esos días conseguí una compañía para no enfrentar solo este nuevo acontecimiento. Una pequeña gata de color negro me dio su amistad extraña, siempre estaba a mi lado mientras leía o escribía una historia; a ella le contaba cada historia mientras dormía o levantaba repentinamente su cabeza, atendiendo sonidos externos. Ella era mi súper sensor de actividad externa y extraña. Solo con un movimiento de sus orejas, me indicaba actividad en la calle o en el techo.

Lo que no sabía es que el monstruo saltaba de rama en rama, de árbol en árbol hasta las duralitas y laminas viejas de la comunidad buscando personas que no duermen en las noches. Cuando hallaba a una persona desvelando su sentir entre la noche, fijaba su perceptor de sonido en las láminas para escuchar como un espía, el temor de los seres humanos.

Lo cierto es que después de mucho tiempo las gentes dejaron de desvelarse y el único despierto en las noches fui yo. Las visitas lejanas en el tiempo se convirtieron en nocturnianas, todas las noches y cada una de las noches, monstruo andaba en puntillas hasta llegar a mi techo o acurrucarse en la puerta que da al pasaje apara escucharme. Monstruo aprendió a escuchar mis historias y la gata se se familiarizo con su existir de tal manera que sus orejas dejaron de darme señales de actividad externa. De esta forma conoció que en el sur de América hay una niña que se convierte en águila, un joven que es jaguar, que hay gente de neblina oculta en algún lugar de estas tierras y que conocen el secreto que guardan los grandes perezosos.

Todas y cada una de mis historias las escucho en el silencio de la noche, en la externa brisa de la calle, se hizo amigo de mi gata hasta compartir su caricia y su cola saludando.

El 8 de junio de 2005, cuando una mujer se preparaba para dejar su oruga y hacerse mariposa en el fondo mi pecho, por la madrugada efímera que da su rostro al alba, sucedió algo impresionante: mientras escribía “El pájaro y el ventanal”, buscando la imagen del pájaro liberado y su movimiento Eraclitándose, abrí la puerta que da a la calle. Encontré acurrucado, acariciando a mi gata, un trozo de luna de forma humanoide escuchando cual fiel lector, cada una de mis palabras para poder existir.

En ese momento se juntaron el silencio y nuestros ojos. Repentinamente un pájaro madrugador se llevo en sus ojos aquel trozo de luna, se perdió en la aurora y su infantil brillo, se fue a la luna. Desde esa madrugada hasta la fecha, busco en la noche la atención de aquel ser extraño y tierno, abro la puerta y busco en la noche su mirada selenita.

La luna la hicieron las gentes poetas y su lluvia de luz son palabras de amorosa poesía, de fantásticas historias.

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
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