Las tres fuerzas: Elsient Biasy, un ser sin personalidad propia

danielmerlos

Al verla, sus fuerzas me causaron tristeza. Desde que la conocí quise acercarme a su forma y esencia; al final de un año descubrí que ella simplemente no existía.

Elsient pensaba que mi interés por ella  fue heredada por algún pariente de su familia, que fue alguien de su familia quien indujo en mí tal inclinación o prejuicio. Jamás fue así.

Lo cierto es que empecé recogiendo las palabras que Elsient dejaba en cualquier espacio que visitaba. Observaba cómo hacía para decir cada una de ellas y luego de decirlas, me pregunté por qué las tiraba al suelo. Cuando decía una palabra se veía alegre entre gente que parecía compartir sus alegrías y fonémas.

Me intrigaba el hecho de que Elsient Biasy, después de compartir una plática se ocultara. Con el pasar del tiempo descubrí que cuando lo hacía, era para deshacerse de cualquier frase; al hacerlo parecía arrancar de su cuerpo un vestido cubierto de hormigas.

Empecé recogiendo cada una de las voces dichas por Elsient. Las fui guardando una por una en una caja, hasta tener una carta de palabras dichas por Elsient. Los hallazgos en la carta, presentaban un mensaje que no lograba comprender.

Para ese tiempo Elsient me veía con recelo, seguía mi mirada hasta encontrar los objetivos visuales de ésta, fueran cuales fueran. Elsient me estudiaba sin cautela, sin cubrir su intensión e intensión.

A partir de esa nueva relación decidí cambiar la forma de buscar respuesta al hecho de tirar palabras por cualquier parte. Decidí espiarle, seguirle de otras formas y entendí que la mejor era callarme.
Sin palabras, Elsient no buscaba compañía, le gustaban los sonidos de la voz. Ella quería decir voces, muchas voces y cuando no encontraba grupo para decirlas, desaparecía sin dejar rastro.

Con mi silencio, su lejanía fue sentida y me brindó una oportunidad para saber más sobre este misterioso caso.

Fue así que decidí visitar su casa, sus espacios y todo lugar donde se le viera andando. Cuando llegué a su casa, me recibió alguien de su familia, llegué con la excusa de buscarla. Al no estar me invitaron a pasar y estuve en su sala como invitado; mientras me ofrecían un vaso de agua, para saciar la sed provocada por el camino, mientras iba por el agua la anfitriona, decidí echar vistazo a las cosas de aquel cuarto. Poco tiempo tuve, pero fue tiempo suficiente para ver en una esquina de la casa, una caja de grandes proporciones que me intrigaba.

Misteriosa y grande, la caja que adornaba la esquina del cuarto, estaba cubierta de una manta hecha de muchos colores. La observé detenidamente y cuando quise tocarla…
…Elsient tocó con su mano mi hombro, Elsient Biasy me saludaba.

─¡Te gusta!─preguntó con sus voces─Cubriendo una parte que quedaba visible de aquella caja y agregando a su rostro una sonrisa, mientras señalaba con el dedo el horizonte donde el sol se ocultaba.

Elsient Biasy me preguntó lo que no se preguntaba a sí misma en el fondo. Me preguntó sobre mis nombres y sobre los sonidos, si era cristiano y si tenía ideas de algún partido político.

Contesté lo que yo quería contestar y no lo preguntado. Le dije suavemente:

─Tengo una palabra en mi casa que sabe tu nombre, de hecho es una carta.

─Es tarde─me dijo, llevando su mano a su barbilla─Tienes que volver a tu casa.

De la casa de Elsient volví con otra pregunta; ¿qué hay en aquella caja?. No había terminado de decir esta palabra cuando alguien tocó mi puerta. Salí a ver quién estaba tocando y me di cuenta que no era nadie.

Fui a mi cama para descansar, pero terminé leyendo una vez más la carta. Cada palabra que leía me conducía a la caja que estaba en la casa de Ella. Fue así que decidí ir en plena noche hasta su casa y abrir la caja de una vez por todas.

En menos de una hora estaba camino a la casa de la mujer. En menos de una hora llegué, di vueltas y vueltas hasta que decidí entrar silenciosamente.

Entré despacio por la parte trasera de su casa, dejé mis toscos pasos ocultos para evitar el ruido y llegué hasta la caja sosteniendo mi respiración y su camino audible. Abrí la caja, con cuidado de no causar el menor ruido y descubrí lo siguiente:

La caja estaba divida en cuatro partes: En una parte estaba Elsient Biasy, ciega, atada y amordazada; en otra había una Biblia, una virgen de Guadalupe y una foto del Papa, otro espacio tenía libros de todas las leyes hechas para empobrecer y dominar; en la última parte tenía perfumes, vestidos, joyas, zapatos de moda y otras figuras de vanidad.

Al ver el cuerpo de la mujer ciega, amarrada y amordazada decidí liberarla, sacarla de la caja. Cuando quité la mordaza, una voz inédita me saludo amable, nunca la había escuchado. Cuando estaba quitando las ataduras, una mano fría tocó mi espalda. Giré mi rostro despacio y descubrí que era Elsient. El terror estaba en mi cuerpo, mi voz se había escapado arrebatándome el aire.

Elsient estaba en el fondo de la caja aun atada, pero detrás de mí, otra Elsient acariciaba extrañamente mi espalda. ¡No lo podía creer!. Abruptamente, la que estaba de pie manoseando mi espalda, cerró de un golpe la caja.

Me empujó hasta llevarme al lado derecho de la casa, al costado de la caja. Allí me dijo su verdadero nombre:
─Soy Las Fuerzas─dijo jadeando y continuo diciendo─existo sobre ella, sin dejar salir su voz de este cuarto, de mis cuerpos. Cuando dejo salir una de sus palabras de mi boca, después la tiro al suelo. Cuando necesito una de sus palabras la arrebato de sus labios, luego la tiro al suelo. Ella simplemente no existe.

El ser siguió hablando y confirmó con detalles, lo que antes vi en la caja:

─Cuatro particiones tengo en la caja que ves al lado; en la primera guardo el cuerpo y el ser de Elsient, en las otras particiones, están mis pilares principales: la iglesia, las leyes empobrecedoras y la vanidad deseada y contenida. Al principio les ofrezco estatus, posición aunque tal sea falsa. Luego les doy mi voz, que son todas las voces que son una, la misma. Les doy palabras que no tienen personalidad propia y después les arrebato su existencia entera. Palabras genuinas no hay en ella y puedo asegurarlo.

Aquel ser continuo sus palabras ofertando.

─Pero dejemos este pasado en el pasado─dijo angelicalmente─decime qué querés, qué necesitas. Sé muy bien, Daniel, que buscas una palabra nunca dicha. Yo te la puedo dar si aceptas algunas condiciones.

En un momento quise fácilmente conocer la palabra nunca dicha, por un momento le pido que conceda mi gran anhelo. Por un momento y la tentación de conocer la palabra nunca dicha, me hace perder mi propio ser. Cuando mi voz se preparaba a pedir aquella palabra, un gato saltó sobre la caja, de paso botó un espejo, en el cual se dibujó la figura de aquel ser claramente.

Al darme cuenta de quién se trataba, le dije sin miedo que la palabra nunca dicha era solo mía, que Él podría darme una palabra inédita, jamás escuchada, pero nunca una que sea mía.

Molesto Dios, me sonrío amenazando con decir aquella palabra. Me pidió que me dijera esclavo. Que esa era la palabra por mí nunca dicha. En ese momento supe que era el Dios de los cristianos, el creador de tanta dominación y muerte, quién estaba detrás de todo aquel misterio. Mis fuerzas se elevaron para luchar en su contra y el gato negro regresó para ponerse de mi lado.

Le dije a Dios que era yo quien creaba palabras y no Él, por lo tanto no podía decirme la palabra nunca dicha.

Amenazante y poderoso, me pidió que creara una voz mía, una que demostrara mi existencia sobre la suya. Me exigió que me dijera esclavo y que reconociera su existencia divina.

El gato giro su rostro y me dio una mirada resplandeciente; en ese momento la palabra vino a mis labios.

─La palabra nunca dicha, la he dicho yo antes que vos─le dije a Dios.
─Escuchá Daniel, nada podés hacer sin mi, ¡sos mi creación!─Gritó Dios.

A Dios que me amenazaba, hablé sereno diciéndole: Mía es la voz y de nadie soy. Mio es el pensamiento y la creatividad, nada me ha dado un ser imaginario, yo creo palabras y he parido hoy con mis labios, la palabra que hasta ahora nunca había sido dicha y hasta ahora nunca antes escuchada: Adeitopía, esa es la palabra y es mía.

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
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