Tecún Umán (Fragmento de memoria de viaje hacia el monstruo)

De la capital de Guatemala a Tecún no había más que cuatro o cinco horas máximo de camino. El Drogo y yo al tomar otro camino perdimos fuerza y tiempo, cruzamos en tres días aguantando frío y hambre por toda Guatemala.

Llegamos a Tecún como a las 7 de la noche. Nos recomendaron buscar un lugar donde quedarnos antes de que la delincuencia nos sorprendiera en la calle. Después de buscar y buscar donde quedarnos, un hombre que era el dueño de la tienda en que estábamos comprando chucherías, nos sugirió que nos quedáramos en la Aduana porque era un lugar vigilado todo el tiempo.
Sin perder el tiempo nos encaminamos rumbo a la Aduana y como nos lo dijo el hombre de la tienda, en el lugar estaba un vigilante sentado cerca de una puerta vieja.

La Aduana era un lugar oscuro ubicado cerca de burdeles y rodeado de calles llenas de basura, allá por el año 2001 cuando realicé el viaje; no sé si continúa en esa situación. Su techado sobre la calle brindaba protección a muchas especies.  Hasta a nosotros.

Un gran mal olor cobijaba a la población de Perros esperpénticos tirados sobre cartones sucios, heces y orines; Habían allí buen número de personas indigentizadas por los modelos impuestos de sociedad. Se les veía en posición corporal contraída, ocultando entre las piernas el último aliento del sol que atraparon en el hueco de sus manos entrelazadas, como las entrelazan las personas que suplican; Yacen indiferentes a su entorno, a la actividad de enormes ratas ocupadas con los residuos de un banquete en plena descomposición.

Hay en mi memoria otro grupo de personas consumiendo crack que ocupan el escenario y mi atención: unas sentadas, otras dando vueltas y vueltas; otras, después de buscar y buscar “algo” en la Aduana se estaban yendo a buscar “algo” lejos de allí, mientras otras vienen de buscar “algo” en otras calles para buscar “algo” en la Aduana. A esta gente la adicción las ha elevado al máximo de los individualismos, se ocultan desconfiando de todo cuanto existe a su alrededor, manifestando con sus gestos el egoísmo que existe en el fondo de las piedras y su Mágica quimera.

Entre tantos inquilinos e inquilinas de la Aduana, especie humana y animal, química tropical y vegetal alucinante, el vigilante era una sombra más en el claro oscuro; Estaba todo el tiempo fumando tranquilamente, cuidando que toda esa miseria permaneciera así por la eternidad.

Una mujer acurrucada en posición defecante hacía recorrer su dedo índice sobre la superficie del suelo; avanzaba sin urgencia escobillando con la mano la basura que se oponía a sus intereses minúsculos. Se tambaleaba acurrucada la Musa del tóxico. De pronto, se puso de pie continuando con su extraña búsqueda en su propia persona, tocando con mucho afán las partes de su cuerpo acusadas de ocultar algo. Súbitamente se fue caminando en medio de la calle como una Top Model sobre las pasarelas del Brasil o Francia.  Ella al igual que las emuladoras de Twiggy, andaba con poca ropa y luciendo sus fuegos cadavéricos sin ningún complejo, en medio de la calle de aquella ciudad oscurecidamente real.

La Barbie de “Crack” rompió su silencioso andar. Sorpresivamente lanzó una gran voz hacia los cuatro vientos, convocando desde lo lejos la mirada rojiza de todas las huestes animales y humanas que acampábamos aquella noche en la Aduana; Su búsqueda había finalizado en un espacio muy cerrado de su cuerpo, entre el dedo índice y el pulgar.

Un motorista de un Trailer descansaba del viaje en la Aduana. Se retorcía con todos sus cuerpos por causa del placer y el deseo provocado por las grandes distancias recorridas en soledad; Hombre y Mujer se hallaron en aquella luna y mientras el joven se hartaba el cuerpo entero de aquella musa intoxicada, la mujer inhalaba al hombre a través de su pipa vaginal, exprimiendo con sus manos los gritos pélvicos de aquel hombre sobre su cuerpo excitado.

La Chica bajó de la cabina después de producir los sonidos más hermosos en la cuadra y cuando hubo salvado al mundo, se fue a traer todos los fuegos del infierno para echar humo hasta por los poros de la piel, hasta quedar sentada, como Gárgola, hurgando entre las piedras de la calle nuevamente.

M.A. Asturias estaba a mi lado escribiendo aquellos sucesos; esta vez yo era parte de sus letras, uno más en el Portal sentado entre el Pelele y el Mosco, es decir, El Pelele, El Flaco y El Mosco, pensando en “nuestros” Presidentes y sus oscuros gobiernos.

Era una noche muy fría pese a estar en la frontera y su calor característico. Por casi todo lo observado en la Aduana decidimos cruzar de inmediato, no esperar la mañana, salir de allí sin dudarlo. De la Aduana al río no hay mucha distancia; el río se encuentra pasando unos cuantos bloques de viviendas. Cuando nos echamos a andar por las calles para llegar a la orilla del río, pasamos por una calle en la que a lo lejos se veía un grupo de jóvenes sentados. Cuando nos vieron pasar empezaron a correr y nos alcanzaron rápidamente. Era como una pesadilla en la que te vienen persiguiendo y tu cuerpo se vuelve muy pesado. Nos detuvieron amenazantes mostrando sus armas blancas y con la paja de portar arma de fuego nos registraron ejerciendo sobre nosotros mucha violencia psicológica; la verdad es que eran como unos veinte; me quitaron la mochila “B” para hacer viajes a Marte, le quitaron la cartera al Drogo y nos dieron unas patadas como a cualquier cipote que inicia las andanzas en la calle; nos dejaron los zapatos; Nos dijeron que teníamos cinco segundos para hacernos humo.

En esa gran oportunidad corrimos hasta la orilla del río y nos ocultamos en medio de los charrales que crecen en su orilla. Estábamos asustados con el corazón en la mano, El Drogo estaba lejos de mi, solo le veía los ojos en la noche y escuchaba el susurrar de su voz asustada y cansada sugiriendo que nos tiráramos el río. Yo le dije que de noche me daba miedo, que las aguas eran profundas. Cuando me acostumbre a la oscuridad vi a muchos más jóvenes escondidos en la orilla del río, quizás corrieron la misma suerte que nosotros con los migrantes que se quedan en el camino a asaltar a cuanto caminante pueden para endrogarse o emborracharse.

Cuando menos sentí el drogo se tiró al río.  Yo tengo un problema: el agua, la oscuridad y la imaginación  me agrupan ideas locas en la mente. Al ver mi natural bloqueo el Drogo me dijo que yo era un gran culero mientras se adentraba al río. Decidí nadar y en menos de medio minuto estaba en el agua; no era tan hondo como yo  imaginé, el agua me llegaba abajo de las rodillas y mientras el drogo se tomó la molestia de quitarse el pantalón yo me tiré al agua, abatido por el miedo, con toda la ropa puesta. La parte más honda del río me cubrió las rodillas. Sentía una gran desesperación al caminar en las aguas del río, sintiendo sus piedras ligosas con mis pies en plena noche después de sufrir un Atraco de la delincuencia común en la frontera de Guatemala con México.

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
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One Response to Tecún Umán (Fragmento de memoria de viaje hacia el monstruo)

  1. guije dice:

    vaaaaaaaaaaaaayaq experiencia!!….

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