Conversación con excombatiente de las FPL Farabundo Martí

Cuando en mi país, El Salvador, hablamos con aquellas personas que combatieron durante el conflicto armado, surgen historias heróicas llenas de valentía e inimaginables pasajes, que significan sacrificio y amor revolucionario, contados con alto nivel de emoción y memoria rebelde. Me llena de mucho amor, por los que cayeron en aquellos días de revolución, estar unido a grandes y silentes excombatientes.

Una de estas personas me contaba algo que no resalta el heroísmo guerrillero de aquellas épocas, sino, la mágica emoción de la música revolucionaria y su efecto en algunos miembros del ejército oligarca. Se trata de un hombre que luchó en las filas de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, conocidas como las FPL.

Un gran hombre sobre la piel de un gran lugar: la piel del Paisnal, ombligo de nuestra revolución campesina, que desata palabras de historia que quiero ahora compartirles.

Muy bien sabemos que las escaladas del ejército, implicaban situaciones fatales para aquellas personas simpatizantes, colaboradoras o combatientes que fueran cercados en operativos o patrullajes de rutina. Pues en una de esas incursiones del ejército oligarca, comenta mi apreciado amigo, sucedió que la maestra de infantes, destacada en un lugar conocido como La Piedra, fue sorprendida dentro de la escuela mientras compartía conocimientos con la pequeñada.

Los del ejército, con sus botas sucias, entraron a la escuela. Encontraron a la compañera sin uniforme y sin equipo, educando libertades a los infantes. En segundos inicio un audible gritar:

—Vos estás enseñando a estos a ser insurrectos, va—dijo el militar, emulando con tosco talento el sonido de un cañón.

—No, yo estoy enseñándoles el abecedario—contestó la sutil insurrecta.

—A ver, vengan todos para acá, vengan a formar; Ahora van a cantar el Himno Nacional—gritó el de verde a todas las peques presentes en aquel lugar.

Niñas y niños salieron a formar como lo demandaba el hombre enojado del ejército y cuando el uniformado dio la señal empezaron a cantar….

Se alza ya nuestra roja bandera,
a triunfar o a morir llama ya,
por la patria y el mañana socialista
El Pueblo armado vencerá.

Al escuchar la tierna canción de libertad, que no era aquella canción positivista que impone juramentos a Dios y a gentes inhumanas,  en la voz de niños y niñas, los soldados se echaron a reír, hechizados por el amor contenido en aquella melodía y su evocación de rebeldía. Esta vez no había odio las sonriisas  de los militares, niños y niñas les vencían.

Sobre la compañera, la insurrecta maestra, por razones extrañas de la guerra logró llevar esta historia de abrazo en abrazo, hasta que hace unos días la historia fue mía.

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
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