Güijaty

 

Güija

Serena mirada líquida,

nubes, cortinas morenas

aves migratorias, sueños,

hoja de árbol que bebe laguna,

árbol de fuego distante

solitario en mis ojos,

mano del Sol en los sombreros.

Raíces:

unas pescan el día,

otras cultivan.

Las Maravillas del Güija

En La Laguna de Güija, espejo de agua de origen volcánico, crece una pequeña flor, una diminuta flor: La Maravilla del Güija.

En la Barra, comunidad dispuesta al Sol, hay un colectivo de mujeres convirtiéndose en asociación; antes se llamaron Las Maravillas del Güija, en honor a la lucha que encarna ésta frente a los temporales, inundaciones, la destrucción del paisaje húmedo y otros nombres propios en acción contra ella. Sin duda La Maravilla del Güija es una metáfora de aquellas mujeres.

La poesía se suicida, bien lo sabemos. No las juzgo, así son las poesías: no saben gustar a las gentes. Y fue así que aquellas mujeres sufrieron su hecho poético y en tal dolor renunciaron a la identidad que hallaron de sí en la flor pequeña. Pasaron entonces a nombrarse Asociación de Mujeres de la Laguna de Güija o algo así, no sé. Cuando pregunté a una de ellas, qué provocó este cambio de identidad, respondieron que el nombre fue causa de burla entre las mujeres de la zona. Ahora la poesía es poeta, me dije, cada cual sufre sus propias letras. Cuando cambiaron nombre, por identidad, aquel grupo se partió en dos.

En Güija, llovía aquella tarde y eran lágrimas, de versos dichas, cantando a la diminuta flor que no logró sobrevivir a la todapoderosa burocracia de “el qué dirán”.

La prisa de los perros

En la frontera, invento de estúpidos poderosos, hay fuegos sobre comal, familias unidas en sangre y paisaje. Palabras nos unen en un solo verso, en una sola mirada y su vuelo de pájaro yendo y viniendo, siempre yendo y viniendo, sin fronteras las fronteras.

Si a la melonera, cruzando; si a la familia, cruzando. Siempre yendo, siempre viniendo.

Pasan los hombres, rompiendo el callado andar de la madrugada, de las mañanas recién bañadas con lluvia o rocío; pasan rompiendo el silencio, en sus bicicletas pasan, en columnas se les ve ir, hacía la melonera pasan, hacia Guatemala pasan, a trabajar pasan.

Las llantas, de sus vehículos básicos de transporte, marcan el suelo. Atrás de ellos, de los hombres que a las meloneras a trabajar avanzan, corren alineados como las bicicletas, un grupo igual de perros. Siguen a los hombres en las bicicletas, van con ellos a la jornada de trabajo.

Por la tarde, las bicicletas volverán cortando el silencio crepúsculo; se verán los hombres regresando y un grupo de perros regresará con ellos. Se les verá corriendo, irán detrás de las bicicletas, ordenados y sacando la lengua del cansancio, irán marcando en el suelo sus patas, como se marcan las llantas de la bicicletas camino a casa.

El bulto del finado

Antes anduvo por la cancha, bajó a la playa y fue a mi patio. Antes se le vio en la tienda, junto a los hombres conversando, haciendo una carcajada y sentado en la orilla de la calle. Era tarde en El Guayabo, en Guatemala, la otra orilla del Güija.

Ayer estuvo en mi patio y en cada todo andado. ¿Será su pena?, ¿quién sabe?, uno se va sin querer de esta vida. Ayer estuvo en mi patio, el bulto del Finado.

Antes estaba en la tienda, sentado, conversando y descansando, cuando llegó un visitante extraño. De su moto bajó el visitante, saludó a todos los que ahí estaban, a los congregados en la tienda, saludó como a hermanos.

Cuando el visitante llegó frente al finado, a él mismo tendió su mano, se la dio sonriendo, como si amigo, como si conocidos, como si en verdad le saludaba.

Tomado de la mano del finado, el visitante extraño, valiéndose de la mano libre de los saludos, sacó de sí un arma y finó al finado.

Ahí anda el finado: por la cancha, playa, en mi patio y en la tienda; como nadie vio mientras estaba mirando, como nadie dice nada, ahí anda el finado.

Analfabetas

Luna campesina, analfabeta…

…el analfabeta soy yo:

No se leerte Güija,

No leo el río y sus peces,

ni leo Lluvia,

no sé leerte surco,

ni sé leer el charco,

no sé leer pájaros,

ni una vocal de la milpa sé,

no sé escribir nube,

no sé leer abrazos,

no sé leer caminos,

ni sus distancias,

nada sé leer…

…pero leo y escribo.

La tristeza de Güija

Los amores prohibidos son amores del alma. Caricias hechas de extrañarse, de puro extrañarse, de tanto extrañarse. El amor se vale de besos ocultos y ocultándose de todo, se vale de versos, cartas, miradas, signos y la esperanza de los abrazos guardados.

En alguna barra, tesitura de la Laguna de Güija, como en todas partes, se prohíbe al amor amarse. Se prohíbe amar y al amor amar. Se prohíbe signo de amor en reuniones y espacios públicos. No se deben de amor palabras decir, se deben silencios hablar. Se deben discreciones, prohibiendo amores fonéticos.

A él lo enviaron al norte y cual migrante, se casó por obtener la residencia. Ella, se quedó en alguna parte, pero en él; sus ojos aún brillan como el brillo de La Luna, sobre la piel de la Laguna de Güija.  

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
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