Poner la otra mejilla: La revolución de las rosas y las flores

Somos una sociedad que ha perdido la humanidad. Entiendo por humanidad, sin ideologías nuestras, esa conciencia y placer de hacer el bien a otras personas y a la naturaleza en cualquiera de sus formas. Sin marginar la parte biológica, lo que más necesita nuestro país es reconstruir su humanidad particular, la sensibilidad humana y hacia la naturaleza.

En los años antes de la guerra, en nuestro país El Salvador, las comunidades campesinas ya habían dado un salto de calidad humana importante, apropiándose de la paradoja táctica de tomar las armas, algo que tiene razón en los niveles de represión de aquellos años; La que fuera una coyuntura de transformación de la sociedad fue efímera como el hielo en suelo tropical, un escenario de dolor y sangre que se prolongó en los sueños, en la historia y los abrazos, como una herida a flor de llanto. Los saltos de transformación conducen hacia condiciones positivas tanto como negativas. Al final, las semillas de humanidad cultivadas en aquellos años bélicos, se profanaron al cambiar los fines por los medios. Los resultados nos duelen en el cotidiano, a unas gentes más que a otras.

Lo más radical en estos tiempos es el cultivo del amor. La represión, como bien dice la consigna, crea más enfrentamiento, y esta consigna no es una máxima exclusiva de grupos revolucionarios, es una realidad dialéctica que se aplica a la realidad en todas sus dimensiones, bases sociales y realidades concretas.

Como saben mis amistades no soy cristiano, soy materialista histórico, soy honesto en este aspecto, sin embargo se tomar consejo de la Santa Biblia. De ellas he reflexionando hace mucho tiempo sobre muchos versos valiosos para la vida y en particular en un verso muy polémico que, al interpretarlo humanamente, puede ayudar en la negación de la violencia en sus formas mil dentro de nuestras sociedades.

Me refiero al verso que dice que después de la ofensa hay que poner la otra mejilla. Si desde el sentido literal se lee, comprendo que es para las personas revolucionarias y adelantadas una estupidez.

Mi interpretación del anterior verso se hace desde la literatura y la historia de lucha inteligente de los pueblos reprimidos. Profundizando en las palabras de la persona humana de Jesucristo, en su contexto violento, no muy distinto al nuestro, comprendo mejor este consejo. La clave que encontré para enfrentarlo a la realidad se expresa en la siguiente pregunta: ¿Cómo romper la lógica de la violencia?. Con ésta se sale del lío literal que supone sufrir golpes mientras estos te empujan a la violencia defensiva, dentro de la lógica acción y reacción o causa y efecto; en el caso de represión de la violencia, entendemos más violencia.

El Cristo comprendió muy bien dicha lógica. Veamos el caso de la revolución Iraní, coetánea a los contextos de las revoluciones latinas. Ernesto Cardenal, escritor revolucionario y cura guerrillero, relata en su obra “la Revolución Perdida”, historia de los procesos fundamentales de la revolución sandinista, un pasaje de la historia de Irán en el cual hallamos una aplicación práctica y táctica del anterior verso bíblico para generar coyunturas de transformación social y por lo tanto de transformación de subjetividades individuales.

Las dictaduras ofenden a las sociedades en todas sus sensibilidades. El pueblo Iraní lo sufrió como el nuestro. Aquella dictadura inhumana dispuso de todos los recursos bélicos para aplastar la revolución: Tanques, soldados, inteligencia, secuestros y todo su haber natural.

Aquí viene algo impresionante de este hecho histórico en el que se aplica el verso bíblico: las masas revolucionarias que se manifestaban en las calles, bajo fuego de artillería, de poderosos tanques y fusilería, respondieron colocando rosas y flores en los monstruos bélicos. Así lo hicieron en todas sus protestas y luchas. Los corazones de los operadores de las máquinas e instrumentos de muerte no sabían cómo responder a un “enemigo” que lejos de atacar y auto defenderse con balas, colocaba flores y rosas en sus tanques.

Las rosas y la humanidad quebraron las armas, los soldados bajaron llorando de sus aparatos, negaron las ordenes del las máximas autoridades del ejército represor y se unieron a la revolución de las rosas y de las flores. Aquel pueblo supo romper la lógica de la violencia del tirano. En fin, no se trata de dejarse golpear, se trata de romper la lógica de la violencia, según su contexto e historia.

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
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