Ojos de agua: tierra de los nonualcos

Un río cortaba el camino de tierra. En época de invierno crecía en ancho, verdor y profundidad; el río desnudaba sus alegrías con gritos infantiles y chapoteos adornados por las chiches de las mujeres, que lavaban ropas a la orilla de sus márgenes rocosos. Confieso que me daba pena pasar al lado de las mujeres, con sus pechos desnudos, sin dejar de ver sus negros botones. A ellas no.

En el camino los ojos de agua se veían por todas partes: a la orilla y sus verdes con flores, tímidos entre las ramas y sus colores adornados con cantos de pájaros, vacas masticando, moviendo la cola y perros a lo lejos ladrando. Ahora siento el sabor del recuerdo en mi respiración; una leve sonrisa sugiere melancolía.

Había en el patio de la casa una ceiba del tamaño de la mano de Dios, con raíces no distintas al tamaño de aquella majestuosa mano. Me impresionaba la altura de aquel árbol y su carga de pájaros, garrobos e iguanas. Me gustaba la milpa, su lejanía y tocar su fruto cuando me perdía en sus laberintos, abrazos de pimienta cuando el sol se hace humedad en los brazos. ¡Qué picazón!.

Con más detalle puedo decir que frente al camino principal estaba ubicada la casa, su patio y la hermosa ceiba. La sonrisa de mi sabuelos paternos, Amado y María Luisa, con sombrero y camisa bien planchada el viejo, con trenzas y delantal de autoridad mi abuela, me llenan de profunda alegría los recuerdos. Detrás de la casa la poderosa milpa se extendía hacia lo lejos, alta y mecida por un viento cálido. A un costado de la milpa y casi al centro de ella habia una población gigante de árboles de tamarindo; me parecía la idea de un oásis.

Las gallinas, los perros, los cuches en sus corrales; el sanitario sin agujero y sus cagadas por todas partes, el sanitario y sus paredes de vara con miras al horizonte, a la casa del vecino, al camino y al lavadero; las plantas pequeñas, las paredes de adobe, las ventanas polvosas de madera anciana, el sagrado corazón de Jesús, la cruz de ajo en la esquina de la puerta, la imágen de la Virgen María con su vidrio opaco, la carreta, lo bueyes, los gatos con mocos en los ojos; el techo y sus varas milagrosas sosteniéndolo todo; los platos de plástico grueso, de colores las tasas para beber café molido a mano; la leña, la cocina, las camas tejidas con cuero de animales, los huevos de las gallinas bajo la cama, las sandalias de plástico; las estrellas mironas en el cielo negro, el canto de los grillos, el cadejo y las cenizas jugadas por el miedo.

Parece que nunca existió. Recuerdo la luz chiquita de la velas en la oscuridad bailando. Mojo mis dedos con saliva…

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
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2 Responses to Ojos de agua: tierra de los nonualcos

  1. Adry dice:

    que hermoso viaje,me pare a ver la milpa que no tenia idea de que era,y continué el viaje luego de ilustrarme en el diccionario je

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