Historias, de la nada

De las mismas calles de este centro,
de la loca ilusión de sí parida,
fuego adentro del mesón extinto,
son estas manos.

Mis negras manos,
hechas para el vuelo,
que no saben decir ni escuchar,
ahora saben dar pasos.
Mañana no vendrá aquel pájaro,
nada viene sin partir.
Vista desde aquí la luna
brilla tenuemente sin mirarme,
brilla poco y llueve sin poder consolarse.

La solemnidad de la idiotez
me invita un trago,
disiento por supuesto
consciente del presente arrepentido
y otra vez
arden mis labios.
Este fracaso y su alegría
me hace pensar que bailo
como loco que baila con la gravedad
que se perdió
y me dejó ahí
sin compañía;
no puedo arrancarme del suelo,
me cuesta tanto.

Esta vez no mojaré mis patas,
nada de enlodar el rostro
nada de decir palabras
he de hacer
silencios respirados
siluetas con las manos
y gestos con los pasos
que se van para volver
al viejo rincón donde está todo,
al viejo rincón de la nada.

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About neggfre

Creo en mi gente humilde, busco en sus miradas la historia mía; Pienso en el árbol, los ríos y en otras formas de vida que me ilustran la inmensidad de la naturaleza.
Esta entrada fue publicada en Adeitopía, la sombra de las hormigas, Versos bajo La Luna. Guarda el enlace permanente.

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